De la enorme riqueza de elementos que hemos considerado, proponemos concentrarnos en solo unos pocos temas.
Uno de los puntos que merece algunos comentarios es el de los motivos de consulta. El primero de ellos estuvo ligado con que, al salir de la internación, se encontró con una realidad aún más dura de lo que había imaginado. Ello parecía ligado con una solución previa, de sus allegados y de él mismo, consistente en auto-engañarse como recurso para sobrevivir en las situaciones difíciles que debió atravesar. Tal solución parece corresponder a una desmentida funcional, que al salir de la internación le fracasó. Tal vez algo similar le haya pasado cuando consultó en su segunda oportunidad, en el sentido de que durante años conservó esta misma defensa (desmentida funcional) para no encarar los sentimientos de rabia y dolor ante esta otra decepción, que el paciente sintió por haber creído en una persona falsa y especuladora. Una y otra consulta parecieron derivar del fracaso de una desmentida funcional, que lo dejaba expuesto a una combinación entre dolor y furia. Estas consultas permiten además estudiar las formas en que Cristóbal pasaba a padecer nuevos traumas, que eran derivados de los sufridos durante la enfermedad y la lucha contra ella. En dichos traumas iniciales los factores centrales eran intrusiones orgánicas, mientras que en los posteriores los problemas fueron más psíquicos, como algunas expectativas y pensamientos. La tercera consulta, en cambio, parecía relacionada con una forma enigmática de tramitación de los conflictos, recurriendo al manejo de la respiración.
Un tema afín con este es la tendencia del paciente a abandonar rápidamente el tratamiento, una vez alcanzado cierto dominio sobre su afectividad gracias al trabajo del pensamiento, basado en la comprensión, como antes lo expusimos. Esta tendencia al abandono del tratamiento corresponde al mecanismo de fuga, con un carácter funcional.
Este mecanismo suele combinarse con un uso funcional de la desestimación del afecto.
Pero el punto más sugerente de este escrito está ligado con la forma como Cristóbal encara la cuestión del dolor orgánico y de la asfixia. El tema corresponde a los factores de hundimiento que el paciente lograba neutralizar con mayor dificultad, o inclusive no podía hacerlo. La investigación inicial permite diferenciar entre dos alternativas ligadas con el procesamiento somático de sus conflictos, la ligada con el dolor y con la asfixia, y la segunda investigación muestra el peso de LI y determinadas defensas…
Freud (1926d) destaca dos grandes factores que determinan el desvalimiento de cada sujeto: la impotencia motriz para responder activamente a las exigencias internas y el dolor que no cesa. Un primer factor es inherente a los estados tóxicos, y el segundo, a las situaciones traumáticas, aunque aclaró que uno puede ser la contrapartida del otro.
Respecto del dolor somático, Freud (1950) afirmaba que constituye una hemorragia por la cual fluye y se pierde la energía pulsional vital, lo cual puede culminar en un estado de agotamiento. Las manifestaciones suelen consistir entonces en momentos de apatía, somnolencia extrema, abulia. A veces estos estados contienen también matices afectivos de la gama del dolor, sobre todo por la vivencia de desamor, de desaparecer de la memoria de los demás. El dolor somático ha sido considerado la matriz orgánica de los estados afectivos de dolor psíquico. En cambio, la asfixia ha sido considerada como una matriz de las crisis de angustia (angustia automática), como consecuencia de la inermidad motriz.
Puede observarse que en Cristóbal es mayor la indefensión ante la asfixia y la angustia que ante el dolor. Pero además la escasez de oxígeno era auto-provocada, como se hace evidente en sus relatos, sobre todo los que expuso en su tercera consulta. Algunos de los episodios que estudiamos previamente parecen hallarse en esta misma línea, y permiten inferir los factores detonantes de su tendencia a auto-envenenarse la sangre. Uno de dichos factores consiste en su furia impotente por no poder seguir recurriendo a la medicación para el dolor. El segundo parece derivar de la rabia por haber creído en un socio falso y especulador que se aleja de él, y el tercero parece relacionado con la muerte de un hermano con quien había tenido un trato distante. En términos generales, podríamos decir que lo común a estos tres factores es la tristeza rabiosa ante el alejamiento de otro que se arranca o desprende de él, y quizá la tendencia a irse con el otro, como con el hermano muerto. Sea como fuere, resulta notable esta tendencia del paciente a tramitar su tristeza violenta recurriendo a la auto-intoxicación de la sangre, del mismo modo que los sujetos que se ahogan intencionadamente en el momento de la masturbación, para lograr un placer más intenso. Sin embargo, en el caso de Cristóbal la práctica del auto-envenenamiento sanguíneo no estaba acompañado por la masturbación, razón por la cual podríamos tal vez asimilarlo a una anorexia de oxígeno, y no tanto de alimentos. Para relacionar estas situaciones con el conjunto de los deseos y defensas del paciente, podríamos decir que en el dolor y la asfixia predominaban LI y la desestimación del afecto y la fuga, ambas fracasadas. La diferencia entre uno y otro estado reside en que en el dolor estas defensas fracasadas se combinan con un mecanismo de introyección orgánica, como ocurre con las intrusiones corporales, mientras que en la asfixia hay una incorporación (Maldavsky, 2008), es decir un movimiento activo, derivado de una decisión, del mismo modo que ocurre en las adicciones.